El mito de Hemingway aún vive en Cabo Blanco


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La mañana de aquel 16 de abril de 1956 pintaba un día veraniego en este lejano pueblo pesquero del norte peruano. El cielo azul se confundía con el siempre movido mar de la zona, como en cualquier día de verano. Nada fuera de lo común.

Lo que alteró la tranquilidad de los pescadores fue la noticia de la visita de un inminente personaje que “no era un gringo cualquiera”, como estaban acostumbrados a ver sus pobladores por estas costas.

Desde aquella vez Cabo Blanco perdería su verdadero anonimato y su historia quedaría marcada por siempre. Y aunque el pueblo ya tenía su fama por la visita de varios ilustres viajeros, desde ese día comenzó a escribir otro de sus capítulos.

Ernest Hemingway, el célebre escritor estadounidense, ganador del premio Pulitzer en 1953 por la novela El viejo y el mar y Premio Nobel de literatura en 1954, pisaba tierra peruana y ello significaba un gran acontecimiento. Era la primera vez –y también la última–  que el Nobel tocaba tierra en un país suramericano.

Y fue el Perú el único que tuvo ese privilegio.

Su destino era Cabo Blanco, un pueblo escondido entre los cerros desérticos del departamento de Piura, a 1.137 kilómetros de Lima. Y allí estaba por fin esa mañana. Había escuchado hablar por boca de sus amigos de la existencia de un pequeño pueblo pesquero en el Perú donde se practicaba la pesca deportiva del merlín negro, ese enorme pez que se convirtió en uno de los protagonistas de su laureada novela.

De seguro sabía que tres años atrás un compatriota suyo, Alfred Glassell, había pescado allí el merlín más grande y nunca antes visto en lugar alguno, un animal gigante que pesaba exactamente 780 kilos y medía más de cuatro metros de longitud. Hasta ahora nadie ha podido superar ese récord.

Pero no venía solo, lo hacía con su última esposa Mary Welsh y con un equipo de productores de la Warner Bros. que querían filmar algunas escenas de la película basada en su célebre obra.

Mercedes Tume de Córdova celebraba por esos días su matrimonio, ocurrido cuatro meses atrás con Pablo Córdova, el barman del Fishing Club, un exclusivo hotel propiedad de un grupo de millonarios estadounidenses que era visitado constantemente por gente famosa y donde el escritor permaneció entre 32 y 36 días, o más, según cuentan varios pobladores. Ella es una de las personas que más recuerda la llegada del afamado escritor.

“Era un señor muy simpático en su modo de ser, sobre todo inteligente, muy sencillo. Todo lo hablaba en español”, rememora la mujer que ahora supera los 70 años y administra el único restaurante del pueblo. Justamente allí se aprecian varias fotografías de “Don Ernesto”, como le solían llamar las personas más cercanas a él durante su estadía en este poblado de pescadores.

Una imagen del “Papá Hem”, con sus amigos peruanos, otra donde aparecen los periodistas que llegaron directamente desde Lima a cubrir el gran suceso; una más con su mejor compañero, el merlín negro y otras fotografías en blanco y negro donde sobresalen varios gringos bonachones que posan al lado de enormes peces, son la mejor muestra de que Cabo Blanco alguna vez fue muy famoso.

También lo recuerda Rufino Tume, un hombre de 76 años, piel trigueña y sonrisa amable que se dedica a la pesca industrial pese a sus achaques de salud. En ese entonces Rufino manejaba uno de los yates del Fishing Club que por esos días tuvo entre sus tripulantes a Mary Welsh.

“Ya nos habían dicho que venían a filmar la película El viejo y el mar y que venía ‘Ernesto’ Hemingway, que era el que hacía la película. Todos lo recibimos muy bien y cuando salíamos de pesca decíamos: ¡ojalá que encontremos el merlín!”.

Rufino lo describe como “un señor de edad, muy buena gente, muy humano y muy diferente a otros gringos”. Y asegura que Hemingway “se tomaba sus tragos y permanecía sentado en la barra del bar del hotel”. A él “le gustaban los whiskies, ¡pero no tan seguido!¨, aclarado Mercedes Tume, contradiciendo a todos aquellos que pensaba que era “un borracho”.

¿Y dónde está el Fishing Club?, suelen preguntarse los pocos turistas que por estos días llegan al poblado. “Camine hacia el cerro de la izquierda unos diez minutos y allí lo encuentra”, dice el guía del único hotel que se mantiene vigente a un lado de la playa de Cabo Blanco. “¿Quieren ir?, se van a decepcionar”, suele comentar a los turistas Feliciano Tejada, el vigilante de una empresa petrolera que opera en la zona y controla el paso de los peatones por esa vía. 

Tejada tiene mucha razón: del famoso Fishing Club que alguna vez fue un lujoso hotel que miraba imponente hacia el mar Pacífico y albergaba a excéntricos millonarios y hombres famosos, hoy –52 años después– sólo queda su estructura, el hall con la plataforma del bar donde se sentaba el escritor y las ruinas de sus portentosas habitaciones, incluida la habitación número cinco, donde, según cuenta Walter, el hombre que cuida de aquella propiedad, se hospedó Hemingway.

Quizá no haya mucha diferencia entre el hotel y el pueblo de pescadores que ahora se ve desde lo alto de uno de los cerros. Según Josefa Arrieta, la única profesora que enseña a los hijos de los pescadores, los fuertes maretazos que empezaron a azotar a Cabo Blanco desde 1983 y las intensas lluvias que corrían desde los cerros vecinos, obligaron a muchas familias a emigrar hacia El Alto, ese pueblo de pescadores que está cinco kilómetros más arriba a orillas de la Carretera Panamericana.

Eso hizo que Cabo Blanco poco a poco fuera quedando despoblado y se convirtiera sólo en el lugar al que llegan diariamente unos 300 pescadores en busca de anchovetas, atunes, róbalos, lenguados, corvinas, chitas y meros que se comercializan en las ciudades de Chiclayo y Lima.   

“Cabo Blanco está muy abandonado. A veces a mi me preguntan por él y yo por mucho que lo quiera hacer sobresalir me quedo a la vez frustrada”, añade Josefa, quien sabe con certeza que el gobierno regional y nacional poco se acuerda de él, pese a la fama que aún conserva este lugar.

Viéndolo así, tal vez nadie crea que por aquí alguna vez pasaron famosas estrellas del cine como Marilyn Monroe, John Wayne, James Stewart, Gregory Peck, Cantinflas o el torero español Luis Miguel Dominguín; y más recientemente personajes como Leonardo Dicaprio, Cameron Diaz, Salma Hayek y el mismo Ricky Martin, quienes vienen a conocer el mito de Hemingway.

Además, desde hace algunos años se ha vuelto común que numerosos tablistas peruanos y extranjeros lleguen a inicios de cada año a participar del campeonato nacional de surfing, aprovechando las olas tubulares características del mar norteño. Sin embargo, la temporada de buenas olas pasa y Cabo Blanco vuelve a ser el anónimo puerto que alguna vez tuvo una época dorada.

“Bonito sería que reviviéramos todo esto”, piensa Josefa, una idea que también apoya Henry Ramírez, un humilde pescador que ve pasar esta mañana de finales de mayo sentado a un lado de un antiguo muelle de cemento. “Me pregunto: ¿Dónde está la tradición de Cabo Blanco?, yo no creo que sea sólo historia, Cabo Blanco es una tradición que sigue día tras día, y los pescadores somos partícipes de lo que ahora se vive aquí”, sentencia aquel hombre, como si quisiera desmitificar la legendaria historia de ese Nobel de literatura que le dio fama mundial a su pequeño pueblo.

Y así como el afamado escritor desapareció pocos años después, cuando el 2 de julio de 1961 decidió quitarse la vida de un disparo en la cabeza, pero quedó en la memoria de la literatura universal, Cabo Blanco también cayó pero también quedó en la memoria del mundo entero por esos años dorados que alguna vez le caracterizaron.

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4 respuestas a El mito de Hemingway aún vive en Cabo Blanco

  1. freddy andres canova delgado dijo:

    Felicitaciones,excelente reportaje siempre quisé leer algo tan emocionante de las lindas playas del norte del Perú,más ahora que estoy escribiendo un libro de poemas y uno de ellos lleva po titulo Cabo Blanco.ha servido en mucho para mi inspiración.

  2. ergo sifuentes "Chanelo" dijo:

    Yo anhelo que esa deje de ser una constante,al visitar pueblos o ciudades de nuestro querido Perú. Los habitantes más viejos,con sus relatos nos trasladan a una época de auge,de fama o de dinámicas actividades de toda índole,que en la actualidad son solo recuerdos y nos conducen a viejas instalaciones, a ruinas. Cuando no,como mayormente ocurre, solo nos señalan aproximadamente el lugar donde se ubicaba tal o cual cosa. Es verdad que de niños, estas experiencias nos nutren de fantasia, de imaginación. Pero también es cierto que mejor sería confirmar que si aquél tiempo fue bueno, el de ahora está mucho mejor. En la realidad eso está muy lejos de ocurrir y solo nos queda conformarnos con las gratas remembranzas y seguir afirmando que todo tiempo pasado fue mejor.

  3. Formidable. Le acabo de regalar a mi nieto un ejemplar de EL VIEJO Y EL MAR diciéndole que su famoso autor estuvo en el norte, no muy lejos de la tierra de su papá. Todos los chicos peruanos deberían leerlo en el colegio, sobre todo los costeños y en especial los norteños…

  4. vicente marchan palacios dijo:

    es cierto lo tienen abandonqdo a cabo blanco paraiso mundial de la pesca

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